lunes, 27 de octubre de 2014

Media hora

Falta media hora para lo que probablemente será el peor momento de mi vida. O quizás para que todo cambie y pueda rescatarse lo que ha estado escondiéndose durante suficiente tiempoaquello que nos unió y nos ha mantenido donde estamos.

Pasan los minutos mientras escribo y ya falta menos de media hora. ESTOY TEMBLANDO. Temblé desde que recibí el mensaje cliché por excelencia: "Tengo que hablar contigo".

Creí que había tomado una decisión, pero tiemblo como un animal abandonado que no sabe qué hacer. Estoy nerviosa y se me salen las lágrimas. ¿Será que pasará lo que creo que pasará? ¿Quiero que pase? No sé nada. NADA.

Sigue corriendo el tiempo y todas nuestras memorias se hacen espacio en mi cabeza, llenándola de indecisión. Siempre he sido centrada. Tomo una decisión y esa es.

Hoy, no.

Desde hace mucho tiempo, no.

Quiero pagarle a alguien para que venga a resolverme la vida y me quite este malestaresta sensación de vacío. Quiero abrazarte. Quiero que todo sea como antes. Como siempre. 

Y, a la vez, quiero muchas cosas más. Si pudiera ponerlo todo en una balanza y pesarlo, sería genial. Pero esta balanza esta rota. Todo en mi vida parece estar averiado. Sobre todo, mis glándulas lagrimales. 

Totalmente. Jodidas. Soy la ñañeca del siglo. 

No sé qué haré con mi existencia si me toca desacostumbrarme a lo que he estado acostumbrada por tanto tiempo. ¿Será eso lo que necesito?

Sigo escribiendo por esto me distrae, pero me estoy volviendo loca. Escribiré hasta que llegues y lo pongamos todo en la mesa. Hasta que llegues y me saques de todas mis dudas. LLEGA YA, ME ESTOY DESESPERANDO. Tengo que tomar agua, saltar, gritar, ALGO.

Llegaste.

viernes, 24 de octubre de 2014

Quiero que seas feliz.
Quiero ser todo por ti.
Pero no quiero dejar de ser yo.

Creo que he violado lo que pensaba que eran mis principios hace rato. Si fuera más fuerte y honesta, podría espabilar y averiguar cómo cambiar las cosas. Pero no me muevo del mismo lugar. El orgullo no me deja.

Me gustaría sonreír y que fuera por felicidad, no porque sea más fácil. No sé como amarré este nudo, y ahora soy incapaz de desatarlo. No debo, pero estoy desesperada por cortarlo... así es más fácil.

Por un lado, quiero pretender que puedo arreglarlo todo y que no pasa nada;  por el otro, quiero intentar hacer las cosas bien; y, por el otro, quiero rendirme y dejar el desastre así, porque ya no creo que valga la pena limpiarlo.

He hecho de todo para pertenecer a ese sitio, pero siempre se me negará la entrada. Siempre seré dejada por fuera. Nunca tendré un lugar importante en tu vida.

He permitido que todo me afecte. He distorsionado mis prioridades. He dejado de lado mis propios problemas. Pero cada verdad que descubro me golpea fuerte en el pecho. Aun así lo soporto, porque creo que es lo mejor y porque creo que debo resistir ante todo. Lo cierto es que cada golpe abre una herida, de la cual brotan sentimientos y pensamientos horribles que trato de mantener a raya, pero que amenazan con hacerme explotar en cualquier momento. ¿Vale esto la pena?

Soy una bomba de tiempo.

miércoles, 16 de julio de 2014

No más buenos días, no más cómo amaneciste. No más sonrisas, ni abrazos ni besos.

Lo que no me abandona es esta pesada carga que no puedo dejar tirada en ningún sitio. Es inevitable llevarla conmigo hacia quién sabe dónde. Estoy en un limbo entre lo que quiero, lo que creo que quiero, lo que me conviene, lo que me asusta y lo que me frustra.

No sé si estoy más enojada contigo o conmigo. Tampoco sé cómo volvimos algo tan sabroso, insípido. Esto es tan aburrido, tan vacío, tan nostálgico. Pienso en todas las cosas que extraño y dentro de mí algo se desestabiliza. Me encantaría recordar la manera de volver a esos tiempos o, más bien, de reconstruir esas cosas. Probablemente el orgullo no me deja.

Estoy tan cansada. De la gente, sobre todo, y de ser como soy. Si camino, es hacia los lados, o doy vueltas... nunca avanzo. Tú me haces sentir tantas cosas buenas y malas. Ya debes saber cuáles me haces sentir en estos momentos. No es justo, lo sé; pero al menos estoy consciente de mi error. Tu densidad es equivalente a mi sensibilidad.

Todo lo malo te pasa, todo se te acumula, todo gira alrededor de ti. Creo que mi comprensión está llegando a su límite, y tu egocentrismo se está volviendo cegador. Pero exigirte más sería convertirme en el villano de la historia. No recuerdo la última vez que hubo interés hacia mis problemas, ni la última vez que hubo empatía.

Quiero curar estas ganas crónicas de llorar. Quiero que admitamos lo obvio: tú no tienes tiempo para lidiar con mis problemas, y yo no tengo fuerzas para lidiar con los tuyos.

jueves, 16 de enero de 2014

Ahora entiendo que nada es perfecto, 

que mi destino lo elijo yo, 

que debo vivir cada momento 

y olvidar lo que ya me olvidó.



Se lo dedico a una amiga a la que adoro, aunque siento que últimamente estoy más lejos que nunca de lo que sería el perfil de una "buena amiga".